Sobre las personas favoritas.

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Si  “persona favorita” se entendiera como una unidad lingüística y el diccionario la tuviera que definir, esta sería algo así como: Compañero motivacional y de viajes cuya función consiste en hacer los días de quien así lo denomina, en unidades de tiempo relativo; en los cuales hasta los planes más aburridos resultan sublimes y cuya percepción de duración es independiente de la actividad.

Hace tiempo no escribía y hoy dedico este post a las personas favoritas del mundo y en especial a la mía, que para cuando el reloj de las 12:00 estará iniciando una vuelta al sol. Y es que de vueltas voy a hablar en esta entrada.

Mi primera gran adquisición en la infancia fue el carnet de la biblioteca municipal de mi ciudad natal y con ella, la llave que me llevó a viajar por todo el mundo a través de los cuentos infantiles que esta contenía, mismos que un año después de ser lector activo, había terminado. El grado de la sección infantil lo obtuve cuando empecé a leer Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo.  De este último aprendí que era mucho más divertido que las cosas fueran como podrían ser y no como deberían ser.

Y es por esto que la aventura empezó. A los 14 años ya tenía claro que lo que quería en la vida era ver el mundo a través del cristal del espejo de Alicia, con lo cual, terminando la carrera y antes de recibir el diploma de la profesión que con orgullo ostento, decidí empezar la travesía por el mundo que ha llevado a que mi mente y mi memoria se llenen de imágenes geniales, únicas e irrepetibles. Parte de esa travesía (la menos interesante) la desarrollé solo o mal acompañado. Años después se hizo mucho más interesante, porque en el proceso de encontrar un nicho, encontré un compañero de vida en todos los aspectos. Entre 6 billones de habitantes, tuve la fortuna de encontrar a mi persona favorita. Justo hoy, hace 4 años.

Desde entonces, los eventos empezaron a presentarse como si fueran vistos a través del espejo, de la forma que podrían ser y no como deberían ser. Transgredir es una palabra fuerte y con una connotación negativa. Sin embargo creo que en el camino, hemos transgredido en nuestro entorno, generando un efecto positivo en la mayoría de nuestros conocidos, constituyéndonos en una institución de la “Persona favorités”.

Vivir en condición de persona favorités, puede resultar desgastante –si se quiere decir de alguna forma- para quien ostenta este título, ya que el mismo implica una desinteresada entrega ante las situaciones de vida de quien le otorga esta calidad. Además, la persona favorita, debe de responder mensajes de texto dentro y fuera de horarios laborales, estibando entre diferentes tópicos, no siempre de interés común y sin embargo mostrando interés a todos los temas.

A mi me tocó la mejor. Cuando se es viajero, se sabe que aunque tengamos cierta predilección por uno u otro destino, siempre preferimos uno nuevo, uno que represente un reto, que imprima nuevas imágenes en la memoria, que nos permita perdernos usando un mapa desactualizado en un barrio donde las calles son angostas y las manzanas triangulares, donde al dar la vuelta a la manzana, ya no estés en el punto donde iniciaste (cualquier parecido con Quartier Latin no es pura coincidencia). Una persona en condición de favorités que repita destino por su compañero y que aún así no opaque su experiencia o condición de novato, es de esas que no se dejan ir.

Hace cuatro años que tengo mi persona (y mi mejor L- Amiga también). Desde entonces, el recorrer el mundo, se convirtió además en recorrer un camino de vida junto con la única persona  por la cual (o a la cual) estaría dispuesto a donar un riñón, porque las personas lúcidas (pero locas funcionales o con extrañas condiciones de cordura), miden la importancia de un ser determinado  en su vida, con la capacidad de desprendimiento a uno de sus riñones. Y no solo el riñón. La vida entera, los pensamientos, los sueños, las canciones mal compuestas, los poemas trillados, pero las prosas divertidas (porque no todos los que escribimos componemos en verso).

La felicidad es una condición que depende del estado mental y emocional  de una persona e independiente de un tercero, pero lo que he descubierto con el tiempo es que la felicidad en compañía es más feliz. Es por eso que hoy, desde el sur del continente, quiero celebrar que mi contacto de teléfono almacenado como The one empieza un nuevo año. Por primera vez en cuatro años estamos lejos (viajando separados, volando en solo), pero cerca de corazón. Solo el arquitecto de la creación sabe lo que la persona favorita representa en la vida del forastero itinerante, mejor conocido como El tío loquito.

Larga vida a todas las personas, pero más larga aún para quienes sin darse cuenta dan tanto… lo que a ti te sobra, a mi me salva la vida.

Paris Je t’aime. La primera noche en la ciudad de la luz.

 

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Desde que tengo uso de razón siempre quise ir a Francia. Digo, es el destino más cliché de todos, por ende no soy muy distinto a muchos, o por lo menos a todos los americanos quienes tenemos la oportunidad de viajar del otro lado del océano. Pues fue así como este año el forastero itinerante, después de pasear por el cono sur y por el sur del norte; se embarcó en uno de los viajes de su vida: a la Cuna de los derechos y a la Madre Patria .

La primera imagen que tengo de París como ciudad fue al salir del metro en la estación Saint Paul- Le Marais. Automáticamente se me dibujó una sonrisa y pensé: ¡Así que esto es París! Los típicos balcones parisinos y los edificios color marfil estaban por doquier. Razón por la cual perderse en esta ciudad es supremamente fácil.

Sin haber dormido nada durante las casi 10 horas de vuelo (más la diferencia de horario), dejamos las maletas, nos pusimos las chamarras de invierno y salimos a caminar por la Rue de Rivoli. Quien me acompañaba había vivido en Francia por varios meses, pero mi experiencia como novato en la ciudad del Seine  no se vería afectada por ello. Encaramos al oriente buscando las torres de la catedral de Nôtre Dame. El viaje lo tenía planeado hacía tanto tiempo que el trazado de la ciudad me era completamente familiar. Era increíble que aún de noche mi mapa mental coincidiera perfectamente con el que estaba recorriendo. Tras haber pasado por el Hôtel de Ville (ayuntamiento), cruzamos el Sena para entrar a L’îlle de la cité y contemplar de cerca a la edificación de estilo gótico que este año cumple 800 años desde su construcción.

Caminar de noche por la ribera del río viendo como las luces de la ciudad se espejan en el agua, es una de esas cosas que hacemos los soñadores enamorados de París y sencillamente no tiene comparación con nada. Al fondo como un faro se puede apreciar la Tour Eiffel y su juego de luces desde las 20:00hs y así  cada hora.

Pasando la Rue du pont neuf y a la izquierda por la ribera derecha, está el famoso Pont des arts o puente de las artes, el lugar donde los enamorados del mundo ponen un candado  simbolizando el vínculo irrompible al tirar las llaves al río una vez lo han puesto en la barda de este. A la derecha, atravesando la Voie George Pompidou  y cruzando un túnel de lo que creo es unas alas del viejo castillo  Del Louvre, encontré de frente una de las entradas –con seguridad la más impactante- al museo, la pirámide de cristal. Al ser ya de noche solo pude (en ese momento, porque después regresé por un día entero, ya escribiré sobre ello) dar una vuelta por el Carrousel de Louvre, un Centro comercial donde está la famosa pirámide invertida en la que la mayoría de los turistas se toman una foto.

Saliendo de Louvre retomamos el mismo camino de regreso al Hotel, nada más que en Bd du Palais, caminamos hacia la Fuente Saint-Michel, que da la entrada al Quartier latin , un lugar con una fabulosa vida nocturna y una gastronomía exquisita. Estuvimos dando varias vueltas en círculo, porque las tomamos mal una calle y todos los edificios lucen parecidos. Al final encontramos una de las riberas del río y encaramos el retorno a nuestro hotel ubicado frente a una pequeña plaza en pleno corazón de Le Marais.

Un vino tinto y un baguette daban fin a la primera de varias noches en la ciudad de la luz. Mientras tanto, sentados en una banca observábamos el pequeño local  Vert d’absinthe – un local de Absenta, el licor prohibido-  que quedaba justo al lado de la entrada al hotel.

Salvar al mundo cansa. Es por eso que vivo con sueño.

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El mundo es un lugar hostil. Los valientes, lo hacemos habitable.

De niños, todos soñamos- o por lo menos los niños normales- con tener una profesión u oficio que resalte la gallardía con la que nacen y que creían que tendrían hasta la edad adulta. Quien no quiso ser un súper héroe, policía, bombero, astronauta, biólogo marino, etc, Patati et patata. Si todos hubieran podido alcanzar ese sueño, a lo mejor el mundo sería un lugar más feliz, o por lo menos, más seguro -a juzgar por la desmedida cantidad de policías y bomberos que habría-.

Ese era el sueño de cualquier niño normal. No el mío, o por lo menos no quería salvar al mundo de esa forma. Desde pequeño fui muy aterrizado y ambicioso. A los 7 años ya había leído la obra completa de Lewis Caroll, por haber terminado con los libros animados de la biblioteca municipal -Es verídico y no exagero- entonces, como es natural, mis expectativas laborales parecían ser mucho más aterrizadas que las de un niño común. Fue así como a la edad de 12 empecé con la educación formal en música y a la edad de 22 me gradué de Fonoaudiólogo. Sí, al igual que el común de los infantes, tampoco conseguí mi objetivo.

Eso no quiere decir que mis sueños de salvar al mundo -no entiendo como de niño pensaba hacerlo desde la música, en fin- se hubieran visto truncados. Gracias a la humanidad, a las maravillas de la tecnología moderna, y por supuesto a los juegos de vídeo, ahora en 3D y alta definición, todos los que lo deseamos de corazón y contamos con la paciencia del Santo Job; podemos librar a la humanidad de una pandemia con el virus T o C, de una invasión de extraterrestres, de que un lagarto gigante -no godzilla- evapore el planeta, o de que la maldad contenida en el necronomicón termine por jodernos a todos.

Qué sería de nuestros sueños de infancia sin los zombis, aliens que amenazan con exterminar la raza humana o por lo menos algunas ciudades, políticos corruptos, mafias internacionales, lagartos gigantes y bichos (Entiéndase por bicho, cualquier alimaña o ente que amenace contra la seguridad de la humanidad y que no entra en ninguna de las categorías anteriormente mencionadas). Nuestra vida sería triste, vacía o llena de nada, más que de los trabajos que la vida nos puso.

Nadie dijo que sería fácil. Mis problemas de insomnio empezaron en el preciso instante en que rompí el celofán que envolvía el primer empaque de Resident Evil que tuve en mis manos. Desde ese momento, mi vida no fue igual. La responsabilidad por la humanidad me fue legada gracias a los creativos y ejecutivos de Capcom y no tuve más remedio que aceptar dicho contrato que al sol de hoy me tiene con ojeras, cual mapache con orzuelos.

Después de los zombis, vinieron los dinosaurios, fantasmas y demás bichos -definición citada anteriormente- y fue así como, de manera silenciosa, el tío loquito se convirtió en el ser incógnito que a diario -o mejor, a nocturno- se juega la vida de otros (personajes) para salvar la vida de muchos. Larga vida a Alicia en el país de las maravillas, sin ella nada hubiera sido igual.

Oak Rêveur.

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El día que me hice Regio.

Viendo el engomado de la pared e imaginando diseños de oficinas me puse a pensar en los últimos meses. No me di cuenta el momento en el que me convertí en Regio ¡No lo quería! pero fue más fuerte que yo. Si bien es cierto, han sido ya casi dos docenas de meses -entiéndase esto en mexicano como “Un chingo””un buen”,en pocho “a lot de time” y como “un jurgo” en Colombiano- también es cierto que el arraigo multicultural es una cosa bien jodida de dejar.

Al principio todo era una gran molestia, el tráfico, las calles para los carros y sin andenes para la gente. Salir a caminar resultaba ser una experiencia extrema. Se deberían vender paquetes de turismo aventura  por Gonzalitos o Garza Sada… y que sobreviva el más fuerte. Algo así como la versión urbana “Survivor”.

Esta ciudad de gente cálida y “coda”  (un poco goda pero no toda coda), de clima cálido… muy cálido, la ciudad que clama a todo pulmón y con lágrima en el ojo que “we’re so proud to be Mexicans“; resultó ser muy diferente a la que está 2600 metros más cerca de las estrellas, y mucho más distinta a la docta cuna del catolicismo gaucho (entiéndase como Bogotá y Córdoba). Por otra parte sentir que te hablaban como enojados y con una serie de términos que ante los oídos de cualquier sudamericano -como acá nos llaman a los del sur- sonaban a insulto -aún sin serlo-; complicaba un poco más el proceso de adaptación y de hacer un nicho. Aún así, la elegí.

Los primeros meses fueron fabulosos ya que compartía una suburbana y rosada casa al norte de la zona metropolitana, con un par de Evitas del país del sagrado corazón. No podíamos ser más diferentes: Una morenaza caleña con todo el trópico y la salsa en las venas, una rola -no una canción, sino una rola en colombiano, que quiere decir: oriunda de Bogotá- onda reggae y ska; y yo, que hasta el sol de hoy soy una mezcla de muchas cosas, pero nacido en el altiplano cundiboyacense. De cariño la llamábamos la casa rosada, por eso lo de las dos Evitas. En la casa rosada se congregaba gente de todos los rincones del país azteca y uno que otro extranjero que tenía la fortuna de pernoctar en nuestra morada… y digo fortuna porque realmente la pasaban genial. Las chicas eran realmente buenas anfitrionas -yo no tanto- recibíamos a quienes lo necesitaran con los brazos abiertos ¡y las cervezas abiertas! Tratamos en vano de seguir la maratón “Reyes-Guadalupe” -originalmente Guadalupe-Reyes – ¡pero solo llegamos a mayo! A partir de entonces, la casita rosada empezó a vaciarse, las chicas se fueron: una para la capital y la otra un poco más al sur ¡tipo llegando al Ecuador! Al final terminé yo solo… por un rato.

Citando a una de las finalistas de un reality show de canto en mi país natal, quien había vivido en varios lugares y que cantaba como un rebaño de ovejas perfectamente afinado; dijo algo que resultó explicar  la naturaleza de lo que contengo y me define como ser humano. Fue algo así como que: “cuando uno viaja, aprende y toma lo mejor (o lo que quiere) de cada lugar en el que uno vive, porque todos somos ciudadanos del mundo”. No podría estar más de acuerdo con ella. Sin ánimo de ofender ni parecer esnob (el esnobismo no va conmigo), cada quien toma su experiencia por el mundo de la forma en que más le guste. En lo particular, tomo parte de cada cultura en la cual me encuentre inmerso y esas mismas cosas las adopto como mías, razón por la cual al final uno termina una mezcla rara de varias cosas. Pero esto no quiere decir que mi pasaporte deje de ser cafecito y con figuras de arte rupestre. Uno nunca pierde su esencia -a veces se extravía, pero vuelve-. No necesariamente se es de donde se nacer, se puede ser de donde se vive, de dónde se es querido, o de donde está el corazón… y para mi, aquí terminó conjugándose todo eso.

Pasados los meses y con la población de la casa rosada regada a lo largo del continente, el “input” criollo se vio notablemebte reducido y así fue como lindas -y otras no tan lindas- costumbres se fueron arraigando en pro de formar parte de la ciudad que me da para vivir. La Rola vive en el DF y yo en Monterrey. Aunque no de sangre, somos familia, así hacemos que este lugar sea el que nos quiere. En julio será un año de que acá tenga mi corazón. Lo celebraremos en Colombia.

Muy lindo todo. Sin embargo, hacía falta un hecho concreto. Y fue así como un día terminé pagando una “Mordida” (Arreglo) para que no me cortaran la luz y me dejaran pagarla en fecha extraordinaria. Cuando se hacen ese tipo de arreglos que nos van a ayudar para que algo no empeore y por los cuales los “correctos” cobran su parte, se puede decir que oficialmente se es un lugareño más. No está bien hacerlo, pero las mordidas, arreglos o coimas, son parte de nuestro día a día y no solo acá en el norte, en el sur también  y en muchos otros lugares, queramos o no ¡Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra! Así llegué a la conclusión chucureña y jocosa de que no somos del un lugar, hasta que pagamos una mordida para safarnos de algo. Me convertí en mexicano el día que pagué una mordida, y en regio el día que dije “Goey”

… al final la solución del problema era simple:  hablar como mexicano, pero para desgracia -o ventura- mía ¡ahora hablo como regio mamón! y eso me costó $500.

Oak Reveur

Similitudes 1: Cómo de México llegamos a Chile* (Y de * vaya a *)

Para ir de México a Chile, siga los *.

Estados unidos mexicanos.

Capital: Dónde se ubica la sede de gobierno de la nación. También le llaman D.F.

Moneda: Redonda como las de casi todo el mundo. Las monedas, en realidad tienen valor, así que hay que conservarlas porque pueden ser realmente útiles, sobre todo cuando uno carece de movilidad propia diferente a los miembros inferiores (entiéndase esto como vehículos de tracción mecánica). En el caso de los billetes, los de de veinte, cincuenta y cien, son lavables y algunos tienen figuras de personajes célebres en distintos rubros (no necesariamente próceres) como Frida Kalho, sor Juana Inés de la Cruz, y si le va mejor, capaz que hasta Salma Hayek; estimadísima por todos sus compatriotas y quien no asistió a la inauguración de la calle que en su honor, construyeron en su ciudad natal Coatzacoalcos (así o más difícil de pronunciar).

Idiomas oficiales: Mexicano (Variación del castellano propia de la región), y algunas lenguas indígenas.

Forma de gobierno: Depende como la vea cada ciudadano.

Superficie: Irregular. Con picos, valles, diques y todos los accidentes geográficos habidos y por haber.

Población: Hombres y mujeres de todas las edades.

Estados: Sólido, líquido y gaseoso, dependiendo la época del año. Hay de todo. Al cierre de esta edición, no se evidenció el estado plasma.

Fronteras: Al norte con américa. Al sur también, solo que desde México para abajo los habitantes saben que existe el un continente con este nombre. Agua al este y al otro también.

Ciudades principales: Aparte de la capital, son sus ciudades principales  las grandes. Entre ellas Guadalajara y Monterrey*.

*Monterrey:

Es un municipio y ciudad mexicana, que a su vez es la capital del estado de Nuevo león, que a su vez es un estado de los estados unidos mexicanos. Tiene una población de, mal contados, unos 1.130.960 habitantes (para no herir susceptibilidades de género, esta cifra está compuesta entre habitantes y habitantas); pero que en conjunto suman más de 4 millones, ya que, Monterrey, es una de las partes más chicas de Monterrey. Está clarísimo ¿No?

Sus habitantes y habitantas son personas, humanas bípedas, que en general son muy sociables y amables con su prójimo y prójima. Según varias fuentes (muchas de ellas locales) esta extensión mínima de territorio, se constituye en el motor industrial de todos los estados unidos mexicanos. Su clima es constante. Constantemente varía. Si alguna vez visita usted la ciudad y no le gusta el clima, vuelva en cinco minutos.

La comida es de administración oral. Pica pero no pica, porque la salsa va encima de las comidas, luego es fácil de sacarla cuando no se le ha puesto nada a la comida, porque una vez se ha puesto, no hay poder humano ni lengua humana (distinta a la mexicana) que se aguante tales dosis de chile*.

*Chile.

También llamado República de Chile. Es un país ubicado al sudoeste del continente americano (de américa para abajo). Rodeado de mar pacífico, Peruanos, Bolivianos y Argentinos.

Capital: Dónde se ubica la sede de gobierno de la nación. También conocida bajo el nombre del consorte de la Sra Chile: Santiago de Chile.

Moneda: Redonda como las de casi todo el mundo. En el caso de los billetes, algunos son lavables y bonitos. Los otros no.

Idiomas oficiales: Chieno (Variación del castellano que solo entienden ellos, mientras más al sur más confuso), y algunas lenguas indígenas.

Forma de gobierno: depende como la vea cada ciudadano.

Superficie: Irregular. Con picos, valles, diques y todos los accidentes geográficos habidos y por haber.

Población: Hombres y mujeres de todas las edades; 98% de chilenos y el resto se divide entre extranjeros y peruanos (los peruanos hacen parte de la nación como los zuros en la plaza de Bolívar de Bogotá).

Estados: Sólido, líquido y gaseoso, dependiendo la época del año. Hay de todo. Al cierre de esta edición, no se evidenció el estado plasma.

Fronteras: Al norte con Perú y Bolivia. Al otro con el pacífico y al este Argentina.

Ciudades principales: Aparte de la capital, son sus ciudades principales  las grandes. Entre ellas Valparaiso (que se odia o se ama), Viña del mar (la del festival), y Concepción* (sin comentarios).

* Concepción: Si lo que quiere es sentirse lejos de todo, como un punto en el mundo, solo y desprotegido; pero le tiene miedo a la inseguridad y por eso no va a Irak, esta es su cuidad. Está ubicada en el centro geográfico de la república de Chile y se constituye como la segunda ciudad más importante por extensión, industria y densidad de población. En concepción se habla una variación del Chileno (variación del castellano que solo entienden ellos) que solo entienden los lugareños; con lo que tendríamos que, se habla un tipo de castellano que no entiende nadie. La calidez de sus ciudadanos, es una verdadera invitación para abandonar la ciudad. Si alguna vez se pierde usted en concepción, pídale ayuda a Dios, porque si va a la oficina de turismo, le envían directo al equivalente local del Bronx para que se ubique.

Al margen de las personas, la ciudad tiene paisajes maravillosos y paisajes maravillosos; con animales propios de las ciudades costeras y paisajes maravillosos; bosques y paisajes maravillosos; lobos marinos para alimentar, y por supuesto, paisajes maravillosos ¿Queda claro lo que hay que visitar en la ciudad?

… Y así de México se llega a Chile, porque hay similitudes  entre si, y entre no también. Todo en un juego de palabras que no quieren jugar, pero que las obligamos igual. El forastero itinerante se despide por ahora, porque sigue viajando, escribiendo y durmiendo en el trabajo.

Un poco de parte del tercer mundo: Latinoamérica. Un poco de Latinoamérica.

El mundo como lo veo.

He sido una persona realmente afortunada. Desde el momento en que terminé la universidad, he tenido la oportunidad de conocer algunos lugares y culturas en el mundo, con quienes los Colombianos compartimos algo más que un idioma en común. Muchas de las marcas de la conquista han quedado  latentes en los países latinoamericanos, pero en la diferencia está lo divertido y es lo que pasaré a contar en esta serie de entradas, de algunos de los lugares en los que el forastero itinerante ha estado presente, contagiando su autenticidad (poco autóctona y completamente anti-nacionalista) a los ciudadanos de cada región respectivamente hablando o escribiendo con respecto a un orden que no hay todavía. Divago un poco sobre lo que saldrá de este fluir de conciencia al mejor estilo de Gabito. Pero vamos a ver que sale.

Se recomienda discreción, cualquier parecido con la realidad es la pura verdad y todas esas advertencias que salen en letra chiquitica o con un pitch  modificado que va a mil en la radio.

Finalmente, con el objetivo de no extenderme en prosa y ya que la lírica no me va, trataré de sintetizar los rasgos distintivos (fonéticamente hablando de sociología) de las culturas latinoamericanas, sudakas, tercermundistas; o como quieran llamarle los del “primero mundo” osea los de mercurio.

Sí. El primer mundo es Mercurio, el segundo es Venus y el tercero es Tierra. Por ende, todo lo que contiene la tierra (nuestro mundo) corresponde al tercer mundo ¿Se habían dado cuenta que, al final, somos todos iguales? Sí. Igual de diferentes, porque cada ser es un mundo hecho a imagen y semejanza de Dios, con lo que tendríamos que, hay aproximadamente unos 6 billones de Dioses. Mal contados. Pero que al final terminamos rindiéndole cuentas al mismo, con el nombre que se le quiera poner. En fin. Vamos a hablar de países del tercer mundo.

Acá ya empezamos con los problemas semánticos y de la teoría de conjuntos, porque si nuestro mundo, la tierra es el tercero de los planetas (por lo menos en este sistema solar), todo lo que  contiene es tercermundista. Alguien tuvo que haberles dicho esto a quienes se les ocurrió este tema de los mundos (primer, segundo y tercer mundo) cuando dividieron los bandos o bloques durante la guerra fría. Es que, por definición seríamos terrícolas, por ende tercermundistas (mercurio, venus, tierra ¿Queda claro?).

Con esta preámbulo, creo que queda clara y manifiesta mi inconformidad sobre el uso o mal uso del término “tercermundista” pintado de verde en la imagen que sale en wikipedia al poner como criterio de búsqueda “Tercer mundo”.

Por último, los datos socio-demográficos y geo-políticos incluidos en estas descripciones, no son oficiales, pero los investigué lo más que pude. Entiendan que uno a veces exagera. Así que hay que tomar todo lo que escriba con pinzas. Mejor dicho, que cada quien saque sus propias conclusiones y así nos evitamos problemas todos ¿les Parece?

La mafia de los Celulares.

No tengo un Blackberry ¿y qué con eso?

La vida moderna y la necesidad inminente de estar comunicados,  han hecho que de nuestras manos surjan nuevas prolongaciones de diversos modelos y funciones ilimitadas. Esas pequeñas cosas que de cariño les llamamos celulares y que algunos ahora llaman bebés (blackberries). Como todo en la viña del señor, estas diminutas maravillas tecnológicas, son susceptibles a ser parte de un tráfico debido a que se trata de un producto altamente adictivo y que genera (hablando en términos drogadícticos) tolerancia y dependencia: tolerancia porque cada vez necesitamos más y dependencia porque nos son indispensables ¡Y sí sabremos de esas cosas del tráfico en el país del sagrado corazón o Sacre Coeur.! En estas líneas hablaré sobre la mafia de los celulares.

Deberían existir penas más duras para quienes trafican con estos elementos, ya que, al convertirse en una prolongación de la mano, el tráfico con los celulares, podría recibir el mismo tratamiento legal que el de órganos. O peor, porque es un producto de consumo masivo. A ver, no podemos ir a una tienda y pedir un riñón, bueno, sin exagerar; pero tampoco podemos ir a pedir una mano, o un dedo, cosa que si podemos hacer con los celulares. Las grandes compañías gradualmente nos fueron endulzando el oído (y la mano) literalmente. Si la iglesia católica fuera una mafia cuya casa matriz está en el vaticano; la santa sede de los teléfonos móviles se la estarían peleando duro y parejo NOKIA, Sony Ericsson, Blackberry y hasta el mismísimo Steve Jobs con su iPhone.

Antes, este tipo de aparatos solo servían para hacer y recibir llamadas. Ahora, existe una aplicación para casi cualquier cosa que se nos ocurra. Por ejemplo,   Penny (cuyo apellido no ha sido revelado antes del cierre de esta edición), con la ayuda del Dr. Sheldon Cooper; estuvieron desarrollando una aplicación para celular en la que, al tomarle una foto a un par de zapatos, te dijera el modelo y sitio donde los podías comprar. Eso, para no extenderme en prosa hablando de la infinidad de aplicaciones (algunas muy ridículas) existentes para los teléfonos móviles.

Para poder hacer un correcto análisis de esta situación, tenemos que ir  un poco más atrás en el tiempo porque este problemita es un legado que data del siglo XIX. El gran capo de todas estas mafias tuvo su origen en Edimburgo el 3 de marzo de 1847. Sí, el mismísimo Alexander Graham Bell, inventor y colega de quien escribe. El señor Bell fusiló un invento previo hecho por el señor Antonio Meucci. Bell fue vivo, porque no se inventó el teléfono (o como lo llamó Meucci: Teletrófono) pero lo patentó. Este, Bellsito, fue quien mostró al mundo este opio acústico del cual muchos somos dependientes. Es su culpa, ahora gran parte de la población mundial anda embrutecida con los smartphones, especialmente con la niña de los ojos en la familia de los teléfonos inteligentes, o más comúnmente conocida como Blackberry, que nada tiene que ver con la ganadora del oscar y record guiness del discurso más largo en la entrega de los mismos, Halle Berry; o la pintoresca cantante dotada de una cavidad nasal importante,  Rachel Berry. Esta niña es mala (si no ¿por qué el Black de la berry?) y consume la vida de quienes le poseen. Lo curioso, es que la Blackberry, en realidad es quien posee a su usuario. Si no, hay que ver como en los eventos  sociales, quien recibe la mayor parte de la atención es esta criatura que bien podría ser la protagonista de la nueva película “La profecía”. Señores de Hollywood, ahí les dejo la inquietud. Ustedes estúdienla.

Como ven, la industria de la telefonía fue una cosa mal gestada, mal habida. Con toda razón los carteles de los celulares y las luchas de poder entre las tiendas de la calle 13 y el resto de las pequeñas tiendas en la ciudad de Fríocity. Esto ya es la ley del monte cuando de telefonía móvil se trata. Lo peor, estamos tratando con una entidad cuya vida útil se reduce al primer cambio de batería o primer mantenimiento correctivo o intervención quirúrgica.

Mi encuentro cercano con la Cosa Nostra celular.

Camino a casa, estuve buscando un centro de servicio en el que pudiera hacer revisar mi teléfono móvil. No es lo último en guarachas, pero lo necesitaba, ya que en breve planeo salir del país y necesito un teléfono con las bandas abiertas para poder utilizar un chip de cualquier operador. El tema, es que el minúsculo aparatejo, tenía un inconveniente que se convertía en varios: no cargaba al conectarse con el adaptador de corriente. Por ende, esa minucia, repercutía en otras cosas más, como por ejemplo que el teléfono no encendía y su razón de ser queda reducida a convertirse en un lindo y caro pisapapel. En la pesquisa de un lugar donde le pudieran brindar los primeros (segundos y hasta terceros) auxilios a mi teléfono, encontré de todo. Llovía, los transeúntes gritaban a todo pulmón recordándole al señor conductor de aquel bus verde, que en algún lugar del universo estaba su progenitora y que, según los comentarios de los presentes en la escena, la señora se dedicaba a la vida alegre. Pero bueno, no me quiero ir por las ramas ¿En qué iba? Ah sí. Bueno, encontré de todo.  En el primer lugar que entré, me dijeron que el arreglo requería de un cambio de pieza completo y que eso costaría un platal. Le pregunté al técnico si no había otra forma distinta a amputar y hacer un implante o poner una prótesis. Me dijo que no. Como ya sabía que el problema del celular eran un par de puntos de soldadura, le dije al técnico que me parecía exagerado lo que proponía; que era como si él tuviera una uña encarnada que le duele y que el médico optara por arrancarle el dedo. Se ve que llegué al fondo de su corazón (o su estómago) a juzgar por la cara que puso.

Indignado, encaré mi travesía bajo la lluvia, buscando un nuevo oasis para mi desértico problema de comunicación. Quedé admirado:  en menos de dos cuadras, había seis centros de  servicio técnico; que más parecían los locatel de los teléfonos, pues no te los reparan, pero te venden algo que minimiza el problema. Harto y con el agua hasta los tobillos (literalmente hablando) había desistido en arreglar el celular y ya estaba seduciéndome la idea de tener entre mis manos uno de esos aparatos del demonio que te consumen la vida. Pero es que hasta lindos son, y fáciles de manejar. Ni siquiera son caros. Es que son peores que la droga, porque ni te das cuenta en lo que te estás metiendo. Al principio surten un efecto placebo que gradualmente se va volviendo alucinante.  Justo una cuadra y media antes de llegar a casa, encontré un sitio que sí tenía toda la pinta de laboratorio técnico y que en ese lugar, en efecto, se dedicaban a reparar y no simplemente a poner implantes o prótesis. Así pues, me revisaron el teléfono, pusieron el par de puntos de soldadura que eran requeridos, probaron el celular y listo, cargaba. El arreglo costó la tercera parte de lo que costaba el implante.

Una vez en casa, me dispuse a conectarlo a la fuente de energía, con tan mala suerte que no reconoció el cargador. Ahí me di cuenta que, definitivamente, se trata de una mafia que te impulsa a cambiar de terminal de comunicación. En conclusión, terminaré por comprarme un blackberry, por comunicarme a través del PIN, por dejar de juntarme a cenar con amigos y en su lugar, reunirnos por el WhatsApp y ver crecer a mis sobrinitos visitando el álbum de cargas móviles en el perfil de Facebook de mi cuñado. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Desde hoy, oficialmente ¡amo los smartphones!

*** Nota al pie, soy gran admirador de Graham Bell. Cualquier comentario hecho sobre él no es más que sarcasmo y humor negro***

Oak Schengen.