Salvar al mundo cansa. Es por eso que vivo con sueño.

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El mundo es un lugar hostil. Los valientes, lo hacemos habitable.

De niños, todos soñamos- o por lo menos los niños normales- con tener una profesión u oficio que resalte la gallardía con la que nacen y que creían que tendrían hasta la edad adulta. Quien no quiso ser un súper héroe, policía, bombero, astronauta, biólogo marino, etc, Patati et patata. Si todos hubieran podido alcanzar ese sueño, a lo mejor el mundo sería un lugar más feliz, o por lo menos, más seguro -a juzgar por la desmedida cantidad de policías y bomberos que habría-.

Ese era el sueño de cualquier niño normal. No el mío, o por lo menos no quería salvar al mundo de esa forma. Desde pequeño fui muy aterrizado y ambicioso. A los 7 años ya había leído la obra completa de Lewis Caroll, por haber terminado con los libros animados de la biblioteca municipal -Es verídico y no exagero- entonces, como es natural, mis expectativas laborales parecían ser mucho más aterrizadas que las de un niño común. Fue así como a la edad de 12 empecé con la educación formal en música y a la edad de 22 me gradué de Fonoaudiólogo. Sí, al igual que el común de los infantes, tampoco conseguí mi objetivo.

Eso no quiere decir que mis sueños de salvar al mundo -no entiendo como de niño pensaba hacerlo desde la música, en fin- se hubieran visto truncados. Gracias a la humanidad, a las maravillas de la tecnología moderna, y por supuesto a los juegos de vídeo, ahora en 3D y alta definición, todos los que lo deseamos de corazón y contamos con la paciencia del Santo Job; podemos librar a la humanidad de una pandemia con el virus T o C, de una invasión de extraterrestres, de que un lagarto gigante -no godzilla- evapore el planeta, o de que la maldad contenida en el necronomicón termine por jodernos a todos.

Qué sería de nuestros sueños de infancia sin los zombis, aliens que amenazan con exterminar la raza humana o por lo menos algunas ciudades, políticos corruptos, mafias internacionales, lagartos gigantes y bichos (Entiéndase por bicho, cualquier alimaña o ente que amenace contra la seguridad de la humanidad y que no entra en ninguna de las categorías anteriormente mencionadas). Nuestra vida sería triste, vacía o llena de nada, más que de los trabajos que la vida nos puso.

Nadie dijo que sería fácil. Mis problemas de insomnio empezaron en el preciso instante en que rompí el celofán que envolvía el primer empaque de Resident Evil que tuve en mis manos. Desde ese momento, mi vida no fue igual. La responsabilidad por la humanidad me fue legada gracias a los creativos y ejecutivos de Capcom y no tuve más remedio que aceptar dicho contrato que al sol de hoy me tiene con ojeras, cual mapache con orzuelos.

Después de los zombis, vinieron los dinosaurios, fantasmas y demás bichos -definición citada anteriormente- y fue así como, de manera silenciosa, el tío loquito se convirtió en el ser incógnito que a diario -o mejor, a nocturno- se juega la vida de otros (personajes) para salvar la vida de muchos. Larga vida a Alicia en el país de las maravillas, sin ella nada hubiera sido igual.

Oak Rêveur.

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