Para dos o más.

El mundo es un club diseñado para grupos ¿La membresía? Otra persona.

Septiembre en Colombia, como en algunos otros paises del mundo, es el mes por excelencia (y por defecto) del “Amor y la amistad”. Hemos salido medianamente ilesos de san valentín, pero no hemos salido ilesos de las consecuencias que representa la soledad en estas fechas donde el comercio te impulsa a mostrar tu afecto; que dentro de la lógica consumista, es directamente proporcional a lo que inviertes en lo que regalas.

Soltero con 26 años y sin ningún tipo de compromiso, creí que el noveno mes de este año (primero en varios en el que estoy solo, emocionalmente hablando) pasaría sin mayores complicaciones. Sin embargo, hubo un par de “detallitos” que omití: el cumpleaños de mi sobrino mayor y mi madre.

Al mal que no tiene cura hay que hacerle la cara dura. Y sí. Así es como el día de ayer, me aventuré a ir al centro comercial para comprar los regalos para este par de personas que se encuentran muy arriba en mi escala de afectos, por ende, y dentro del espíritu del consumismo, había que demostrarlo con elementos tangibles que representaran mi amor hacia ellos. Así que, fui al centro comercial Santafé. Para quienes no conocen, este lugar se encuentra saliendo de la ciudad de Bogotá, hacia el norte, a unas 10 cuadras del portal de transmilenio. Para quienes conocen, también queda ahí.

En el preciso instante que crucé las puertas de vidrio automatizadas para que se abran ante la presencia de un cliente (la forma figurada más parecida a que te tiren una alfombra roja para que pases), supe que iba a ser una noche divertida. Solo que pensaba que iba a ser tan divertida para mi, como lo iba a ser para todos los asistentes al lugar. No pensaba que la diversión, para muchos, iba a ser yo; o bueno, que al mejor estilo de Alejandro Sanz,  íbamos a ser mi soledad y yo. A los paranóicos también nos persiguen, y uno sabe cuando las miradas desaprobantes de la gente, recaen sobre nuestros hombros. En general trato de no hacerle caso a este tipo de actitudes. Solo que cuando estas vienen acompañadas de un gesto de lástima (en el mejor de los casos), la cosa se vuelve personal.

La primera escena que registré, consistía en un par de pseudo enamorados adolescentes, consiméndose en ósculos y carantoñas; más adelante, tuve un dejà vu. Ya no era la parejita de adolescentes, ahora se trataba de un par de adultescentes muy entraditos en años como para andar en las mismas que las andrógenas criaturas con quienes me topé al entrar. El amor estaba en el aire. Ni hablar de las familias con niños corriendo y gritando por doquier. Así que, al sentirme como el animal viudo en el arca de noe, me fui directo a Falabella a buscar el regalo de mi sobrino.

Entre que tenía apenas una vaga idea de lo que iba a comprar y que me sentía más perdido que adán en el día de la madre; era de esperarse que mi cara hablara a gritos. Quienes me conocen en persona, saben que la conexiones nerviosas aferentes de mi musculatura facial, son tan involuntarias, que antes de poder musitar frase alguna, ella ya ha hablado por mi.

El comercio está diseñado para grupos, los grupitos de uno (como uno) no tienen cabida. Las personas que comedidamente trabajan en los establecimientos comerciales, han aprendido a exteriorizar un par de caras, según lo que las personas solas le inspiran. Miedo o lástima. Estando en la sección de juguetes para niños de 5 a 7 años, se me acercó un señor de unos 50 años, a preguntarme (acompañado con cara de miedo, cual si fuera yo un ladrón de juguetes) ¿Qué busca? Creo que la pregunta sobraba, a juzgar por el contenido de los estantes que rodeaban la escena. Mi cara y mi mente le dijeron- Una ensalada de frutas, imbécil- pero mis palabras, acompañadas de una sonrisa botóxica y un timbre muy agradable, le dijeron -Un juguete para un niño de 6 años, como todos los juguetes que hay en esta bahía y la que le sigue; se trata de mi sobrino-. Creo que el sujeto entendió a la prefección el mensaje, ya que huyó de cuadro en menos de lo que pude decir Quidditch. Justo cuando estaba perdiendo la fe en los fabricantes de juguetes creativos, recordé que, por esa misma bahía pero un mes atrás, había visto el regalo perfecto. Un set de Art Attack de disney. Por favor, no le digan a mi sobrino de qué se trata su regalo, ya que su cumpleaños es hasta dentro de dos semanas.

Solo restaba comprar el regalo para mi vieja, así que salí de ese lugar y me fui a Zara, de donde me sacaron corriendo sus vendedoras acosadoras. En inglés las definiría como salestalkers. Te siguen como sombras, como si un hombre bien parecido de mediana edad, no supiera qué regalarle a su madre en su onomástico. Me aburrieron y volví a Falabella a comprar algo que había visto hacía tiempo, y que le venía bien. Con esto, había saldado mi cuenta afectiva familiar. Sin embargo, había un asunto de tipo gastronómico sin finiquitar.

Mientras buscaba el Mc donald’s, me detuve en el Multiplex para ver si había algo que valiera la pena. Para qué lo hice. Acá la cosa ya no era con los vendedores, era con las familias de adultos jóvenes y niños aún más jóvenes que sus padres. Acá es donde corroboro que, el comercio está diseñado para grupos de personas: las ofertas son para dos, es decir, palomitas y gaseosas para dos, pinchos o perros y gaseosas para dos ¿Y qué si no quisiera una promo? Bueno, se puede, pero te sale lo mismo o más caro que pagarlo para dos. Eso, al margen que tienes que hacer la fila en la boletería y luego en la tienda de snacks, porque cuando vas con alguien, uno se queda en la taquilla y el otro se va por los snacks ¿Por qué no entregan las palomitas y la gaseosa en la taquilla? Bien, sé que van a decir: Porque genera aglomeración y es antihigiénico. Entiendo lo de la aglomeración y la verdad me tiene sin cuidado lo antihigiénico, entonces ¿Por qué no abrir una fila preferencial para solos y solas? Señores de Cinecolombia, esta puede ser su idea del millón de dólares. Se puede capitalizar esa fila de mil formas, se publicitaría sola en los mil y un sitios de citas y encuentros en internet. Eso sí, que los snacks los entreguen en la taquilla, porque al ser tan exlcuídos del sistema, por lo menos merecemos poder entrar sin ser apretujados al cinema. Solo tenemos un par de manos, los grupitos de uno solo tenemos un par de manos. En fin, lo único que había en cartelera para ver era Linterna verde pero eso era sinónimo de tener niños cerca, con tan mala suerte que uno de ellos quedara al lado mío porque sus padres sencillamente lo querían ver en la fila de adelante para que atrás no los jodiera. Cuando vi en qué se podía convertir la ida a cine solo, salí corriendo del lugar; yo y mi par de bolsas verdes.

Cuando creí que todo había terminado, pedí una Angus tasty en el Mc Dollar. Cuando pagué todo, el cajero me mira, mira hacia atrás de mi y me pregunta ¿Para llevar? Con esto, la miocaraculosis se me disparó y le dije que comería en el lugar. Recién eran las 8 de la noche y, por supuesto, la pregunta no se debía al hecho que fueran a cerrar sino a que no debería ocupar una mesa que está destinada para mínimo dos personas.

Estaba yo sentado de un lado de la mesa, y las bolsas verdes del otro. Me disponía a pegarle el primer mordisco a mi hamburguesita y me encuentro con que, a mis 5 horas, había un cuarteto de impúberes emulando al grupo de Samanta, Carrie, Charlotte y Miranda en sex and the city (en un Mc donald’s, valga la claración) ; que no paraban de reir cada vez que miraban a mi mesa para uno de dos. A mis 2 horas, había una pareja que entre ellos no sumaban ni 40 años, con su hijo comiendo una cajita feliz. De hecho se estaba comiendo la caja, cosa que me dio tanto asco, que tuve que cambiar de lugar, para ver a un par de viejas comiendo ensaladas y recordándome que estoy pasado un par de kilitos y que debería estar comiendo lo mismo que ellas, para no terminar como ellas. Nunca me había sentido tan culpable por haber comido en Mc Donald’s. Al final me di cuenta, que el cajero era un buen tipo, que solo quería evitarme semejante exposición.

Después de un par de horas de aventuras, salí, me encendí un cigarrillo, me senté en la acera y reía pensando lo que pudo haber pasado por la cabeza de todas estas personas que juzgaban a este hombre solo, por comer solo, salir de compras solo y osar a entrar al cine solo; cuando a una llamada de distancia podrían haber varios amigos dispuestos a solapar ese pequeño detalle de mi existencia, con el cual vivo muy bien.

Oak Schengen.

Anuncios

Hello world!

Welcome to WordPress.com. After you read this, you should delete and write your own post, with a new title above. Or hit Add New on the left (of the admin dashboard) to start a fresh post.

Here are some suggestions for your first post.

  1. You can find new ideas for what to blog about by reading the Daily Post.
  2. Add PressThis to your browser. It creates a new blog post for you about any interesting  page you read on the web.
  3. Make some changes to this page, and then hit preview on the right. You can always preview any post or edit it before you share it to the world.